Limpieza
La limpieza en los hogares con una cierta posición económica era realizada por los esclavos.
Para la limpieza diaria de nuestro hogar se empleaban sistemas tradicionales como los paños, escobas y esponjas; además del agua y el serrín con los que se arrastraba o disolvía la suciedad.
Los paños más toscos los usábamos en las cocinas, en la limpieza y para secarnos las manos; mientras que los de mejor calidad se reservaban para ciertas estancias, como la recepción de invitados.
Uno de los mayores quebraderos de cabeza de las matronas y de los mayordomos de las casas fue el lavado de la ropa; se podía remojar y aclarar las prendas más ligeras, pero no se conocía el jabón.
Un cuidadoso sistema de alcantarillado garantizaba una buena salubridad e higiene de nuestra ciudad, Roma.
La reconstrucción de los diferentes barrios se realizó conforme a un plan maestro diseñado a base de calles rectas y anchas y grandes parques lo que permitió aumentar muchísimo las condiciones higiénicas de la ciudad.
Para traer agua desde todos los rincones se construían acueductos si era preciso, el agua llegaba a veces con tal presión que era necesario construir abundantes fuentes por todas partes lo que aun aumentaba más el encanto de dichas ciudades que aun construidas en tierras secas recibían la llegada de las bien planificadas canalizaciones romanas.
Nuestra ciudad se volcó en la construcción de acueductos, redes de alcantarillado, termas y hospitales, así como el desarrollo de las costumbres higiénicas, el control de la limpieza ambiental y la legislación de la práctica de los galenos o la enseñanza médica.
Letrinas.
En las casa romanas se utilizaban diversos tipos de potes y recipientes como orinales. Aunque para la gente de dineros tenían a su disposición sillas de retrete, bajo cuyo asiento había un recipiente, limpiado y vaciado con discreción por un esclavo, tras ser usado.
En las domus, hogar de patricios, aristócratas locales, mercaderes o comerciantes con fortuna, existían verdaderas letrinas. Eran fosas cubiertas con una placa horadada por agujeros circulares para uso de los habitantes de la casa, además junto a ellas siempre estaban presentes varias esponjas. En ella podían los esclavos vaciar las bacinillas de los amos.
Termas
La higiene para nosotros tenía un sentido purificador, al tiempo que nos evocaba placer. Conscientes de la necesidad de cuidar el cuerpo, pasábamos mucho tiempo bañándonos en las termas colectivas. Todo esto lo llevábamos a cabo bajo los buenos auspicios de la diosa Higiea, protectora de la salud.
Los baños públicos existían desde el siglo II a.C. Estaban administrados por los llamados "balneator", a los que se podía acceder pagando una pequeña cantidad. Tenían pocas habitaciones, mal ventiladas e iluminadas y se caldeaban con braseros, utilizando bañeras con agua calentada previamente.
Para nosotros, la visita a las termas servía de excusa para informarse sobre las últimas noticias de Roma y el Imperio. Los magistrados y los senadores se reunían allí para hablar de política, los empresarios ocupados en sus negocios, y el pueblo para tratar temas triviales o serios.
La evolución de la higiene
Edad media: En esta época, el orinal sigue siendo un elemento imprescindible y, en ocasiones, las necesidades se realizan delante de toda la gente. En la calle, la higiene era menos evidente: en esta época se lanzaba todo a la calle, de ahí la expresión "¡Agua va!". Los excrementos y las aguas residuales se mezclan y discurren por los canales del centro de las calles.
miércoles, 1 de julio de 2009
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